A Anita del del horno le vienen a cambiar el número de su portal. Porque han cambiado el callejero de Periana, porque corren nuevos tiempos, porque hay que renovarse dicen, o morir en el intento; porque sí.
Así que se planta en su puerta uno del ayuntamiento con un número 5 en forma de loseta.
Anita la del horno, toda la vida allí, le suelta que de eso nada, que ella ha sido y será siempre el 23, y que ese ya se puede volver por donde ha venido.
El del Ayuntamiento que se pone farruco, y que "Señora hay que numerar de nuevo y a usted le ha correspondido el 5".
Anita que se enroca, y que de eso nada, que como se le ocurra quitarle el 23 va a estar corriendo hasta Comares de la somanta de palos que le va a dar.
En la fratricida lucha acaba ganando la experiencia, y si vais a Periana y buscáis el que era su horno de toda la vida podréis ver el número 5 oficial, pero también el número 23 emocional.
[Dedicado a Anita la del horno, que falleció tan solo unas semanas antes de este escrito].